Una de las exigencias básicas para el buscador de la sabiduría es la de abrir mano de sus apegos: importancias puntuales de su vida, logros y conquistas personales, diferencia en los valores asignados a las diversas cosas, situaciones o personas.
Desapegarse es el lema. Esto no significa caer en la indiferencia, ni dejar de prestar atención o de valorar las cosas de la vida y las personas alrededor, sino dar el mismo valor a todo y todos.
El tornillo no es menos importante que el avión, sin el no hay avión.
El ciudadano más insignificante no tiene menos valor que el presidente del estado, porque sin el no hay la nación.
La persona la más pequeña tiene el mismo significado que la más poderosa o la más genial, porque sin ella no hay la humanidad.
La visión universal, tan anhelada por los alumnos de la Luz, abarca hasta los menores detalles, cada centella entrega su vital aporte para constituir el gran Todo.
Liberado, entonces, el bastante humilde que presta la misma atención a todo que existe, que da el mismo amor a todos los seres, ya sean humanos, animales o planetas.
Desapegarse no implica una pérdida, a pesar de que nuestras emociones inmaduras así lo nos señalen.
Por lo contrario, soltar el apego a situaciones, cosas y personas significa ganarse el mundo entero. Es el mayor lucro que podemos conseguir en la vida.