Qué hacer con la Sombra

Parece que por nuestra condición humana estamos condenados a siempre llevar la Sombra, nuestras sombras  en la mochila, una carga pesada que resentimos en el camino hacia la Luz. La intención es reducirla hasta que desaparezca. Por esto estamos haciendo cualquier esfuerzo para aumentar el espacio de la Luz, y para nuestra alegría observamos que la sombra queda cada vez más corta. Pero después de algun tiempo, madurados en el camino, observamos también que la sombra queda cada vez más densa, más profunda. Simplemente porque somos humanos y no podemos registrar nada sin utilizar la escala de la polaridad.

Es un hecho irritante, así que buscamos una solución en el rechazo vigoroso de la oscuridad. Lógicamente no resulta, porque al negar el concepto lo ponemos automáticamente en esta misma escala polarizada, lo mantenemos en existencia a través de la negación. Bueno, podemos intentar de tapar la sombra, este es un mecanismo que aparentemente resulta bien, no vemos más la cosa, está exilada al subterráneo y desaparece de nuestra consciencia. Esta solución ilusoria da mucho trabajo a los psicoanalistas, y consume grandes cuantidades de nuestras energías por el contínuo esfuerzo inconsciente que se necesita para mantener la cosa tapada.

¿Qué hacer? Bueno, hay que enfrentar la Sombra de cara, confirmar su existencia, por muy impío que parezca en consideración de nuestro camino de Luz. Ahí está el diablo, con sus cuernos y pata de cabra. Es atroz, asustador, no sé como liberarme de la bestia. Corro más todavía hacia la luz, solo para constatar que la sombra me siguió, siendo ella una parte intrínseca de este mismo proceso.

Para liberarme de la sombra tengo de abandonar la actitud de negación, de rechazo. Necesito aceptarla, por incómodo que sea, y integrarla en mi esquema de vida. No para ejercerla, ¡bién entendido!, sino para dar a la luz en mí una oportunidad de asumir, transformar y de esta manera disolverla. La tarea consiste en vivir la sombra a través de la luz, en darle una realidad luminosa en mi consciencia, aplicandole el mismo amor y perdón que aprendí a dar a todas mis experiencias, a todas mis acciones.

Esto es humildad:  Dejar de juzgar,  dejar de evaluarnos según una escala preconcebida.  Dar lugar a la generosidad del perdón. Dejar las ambiciones de lado, dejar  de correr detrás de la Luz y, a la vez, ofrecerle un espacio seguro  dentro de nosotros. Así ella puede disolver cualquier sombra antes mismo que esta tome forma.

El llamado es de abandonar la ambición de hacer un camino de Luz a fin de poder ser un camino para la Luz.

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