Quiero hacer un pequeño himno al orden.
Hacer orden mayormente lo sentimos como una carga, algo que queremos tener, más sin someternos al esfuerzo correspondiente. Aprendemos a obedecer al comando del orden en la casa de la infancia, a lo más tardar al ingresar en el colegio. Hacer orden parece ser la eterna lucha no solo contra el desorden, más también contra las imposiciones de la sociedad. Todas las autoridades llaman a algun tipo de orden. Protestar contra cualquier sistema implica desordenarse.
Si el orden es el equilibrio el desorden nos lleva al movimiento, lo que no es malo en si mismo. ¿Qué sería de la vida sin el movimiento? Estancada, aburrida, sin sentido, sin consciencia. El paraíso inconsciente de Adán y Eva. Ellos simplemente estaban, no se movían, no producían nada, no se reproducían. ¿Porqué, entonces, este lugar adonde moraban era un paraíso y no un caos? Porque el habitat de los humanos incoscientes era el universo, que es independiente de cualquier juicio, que vale para todos de igual manera. En griego la palabra para universo es kosmos, lo que significa en primer lugar orden. Aparentemente hay por ahí una fuerza organizadora que funciona más allá de la consciencia o inconsciencia humana, la fuerza de la naturaleza y del cosmos. Podemos observar y constatar una ley que ordena constantemente los movimientos universales y también individuales. No sabemos si esta ley tiene una consciencia o no, solo podemos mirar sin realmente entenderla, apesar de todos los conocimientos que tengamos. Lo único que podemos observar es que esta ley representa el orden fundamental del universo, del individuo, de la vida tal cual.
Por eso quiero destacar la importancia del orden, darle su lugar eminente en los procesos de la existencia en todas las manifestaciones. Para los humanos que por definición buscan la vida consciente (a causa de la mente) significa darse cuenta del eterno va y viene entre movimiento y estancamiento. Cuando salimos del paraíso aprendimos el valor del orden. Y desde entonces estamos en constante movimiento, hacemos acontecer la vida, nuestra propia vida que quiere saber de si misma, que quiere distinguirse de la vida automática de la pura naturaleza. Añadimos a la vida la noción del caos, el polo opuesto del orden. Un enriquecimiento poderoso para nuestro desarrollo. Pero, por otro lado, ya descubrimos que en el caos facilmente podemos perder la noción de la persona que somos, se puede deshacer la autopercepción por completo. Por eso es orden y organización lo que buscamos incansablemente, la calma interior que nos relaja solo se produce cuando conseguimos imponernos al caos. La tarea esencialmente humana es de formar consciencia, y la desarrollamos en el eterno movimiento en busca de la tranquilidad del orden interior y exterior. Porque el orden es el lazo que une la vida individual consciente con el cosmos, la grande organización de la vida universal.
Escrito por Gabriela